El hardcore/punk en Bogotá: reflexiones políticas sobre la contracultura de la sospecha

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Por: Sergio Segura @comunhc

Se comienza por una moda para terminar en una Weltanschaung [cosmovisión]. Es la principal estrategia de la publicidad norteamericana: No les vendan solamente un abrelatas, véndanles un nuevo modo de vida.
Theodore Roszak, escultor de los Estados Unidos de origen polaco

Artículos publicados por Vice, Shock, Cartel Urbano, entre otros medios dedicados al ‘mainstream’ contemporáneo, coinciden en contar una historia del hardcore ya conocida, interesante para unas miradas y sin motivo de orgullo para otras. Se han trasnochado lo suficiente en identificar si primero fue el huevo o la gallina, dejando de lado un seguimiento progresivo que vaya más allá de los enunciados.

Los ejercicios testimoniales son más ricos en contenido y argumentos cuando se tocan desde adentro, desde quienes viven la experiencia, sin decir que por esto se necesiten miradas expertas en la materia. Nuestra intención es reconstruir el significado del hardcore político, aprovechando los registros existentes y rastreos de diferente procedencia, profundizando en detalles y temáticas que al subestimarse reproducen una suerte de “historia oficial” con la que no todo conocedor del terreno comulga.

Por otro lado, algunos de los más viejos, que poseen material y vivencias valiosas, no exteriorizaron sus conocimientos o experiencias; prefieren rayarse con las nuevas generaciones que retoman definiciones clásicas con las que resignifican las ideas de acuerdo a su propio presente contextual, parches caracterizados por tener mucho legado pero poco registro y sistematización.

La memoria de lo subterráneo representa entonces un método para rescatar las experiencias que nos permiten entender cómo es que el underground ha llegado a ser lo que es hoy y qué posibles respuestas hay para los retos o problemáticas actuales. En este caso, volvemos a lo subterráneo desde distintas épocas, una opción sugerente para analizar los matices de una contradicción: el hardcore, como expresión contracultural, quiso llegarle a más y más personas, pero ese mismo proceso hizo que perdiera su carácter crítico al desbordarse.

 

El movimiento punk es importante para nosotros, pero más para la comunidad. ¿Para qué escribir canciones llenas de cólera si no les tendemos la mano a los demás? La música punk debe superar las fronteras y sabemos bien qué son las fronteras
 Los Crudos

Con la generación beat de los años 50 en Estados Unidos, un movimiento conformado por literatos y poetas que negaban los valores establecidos, se empezó a hablar de contracultura, o al menos sentaron las bases para lo realizado por el movimiento hippie años después. A finales de los años 50 y principios de los 60 este movimiento fue absorbido por la cultura de masas, dejando obras que aún hoy son de referencia para hablar de la liberación sexual, las reivindicaciones de las mujeres, negros y homosexuales.

La negación de valores, principal característica de la contracultura, ha tenido acogida especialmente en el arte, aunque también hay expresiones científicas, políticas, sociales y culturales.

Desde el antibelicismo hippie de los años 60, los movimientos antimusicales como el punk, hasta las iniciativas más recientes como el arte callejero o la organización Creative Commons para el caso de la propiedad intelectual y los derechos de autor, se oponen a los cánones sociales imperantes. Ahora bien, el punk se diferenció del resto de géneros derivados del rock rompiendo con la idea de buscar fama, oponiéndose a los hábitos de virtuosismo de las estrellas de rock, gestando una transvaloración de la cultura occidental.

Sabotaje, Concierto de Marcel Duchamp, Piso 3

No obstante, la contracultura comparte rasgos de la cultura dominante en la que está inscrita; no toda expresión que cuestione un valor instaurado puede llamarse contracultura. Por ejemplo, con los hipsters, quienes en teoría se alejan de las corrientes predominantes de la cultura, no proponen un cuestionamiento de los valores sociales dominantes, por lo tanto allí no hay subversión.

Sin embargo, nos hemos equivocado creyendo que lo organizado y políticamente correcto es el factor idóneo para los puntos de partida, un determinismo de personas que albergan algún tipo de superioridad por su elección de ser straight edge, vegan/vegetarianas o militantes. La contracultura contiene, además de posiciones políticas, arte, literatura, sentimientos y deseo, lo que no siempre concluye en elementos contestatarios o en colectivos que cuestionan el Establishment.

La contracultura que nos convoca lleva inmersa dos facetas: la de negación y la de afirmación. Promueve, en este caso, la transgresión de los antivalores capitalistas y el cometido de imaginar otra realidad posible.

El hardcore es, en definitiva, político (aunque su definición más habitual se distancie de esa postura), pues trasciende los espectáculos musicales para enfocarse en la construcción de una comunidad. A través de actividades, expresiones artísticas y/o contrainformativas, se acude a la capacidad de organizarse para generar franjas autónomas de convivencia donde las relaciones interpersonales y de participación directa son motivadas por la apropiación colectiva que decide denunciar y actuar contra un sistema que niega su libertad.

 

Si la izquierda no recoge el valor de la expresión artística y política desarrollada por los punks, perderá de nuevo un aliado natural […] los punks a su vez deberían dejar de idealizar su aislamiento, si no quieren que sus esfuerzos políticos y su música sean condenados a la oscuridad eterna.
Johnny Temple, Girls Against Boys

Mientras el punk en Colombia surgió en las comunas, el hardcore llegó por personas con posibilidad de haber viajado a otros países. Actualmente, puede decirse que es una escena de clase media, aunque esto es relativo en escenas que por su esencia ofrecen la posibilidad de des-clasarse. Así, el hardcore contracultural trascendió la diversión, la música y el encuentro de los conciertos para convertirse en medio de comunicación, en herramienta que comparte ideas y realiza propaganda, aprendiendo de lo que los anarcopunks ya venían haciendo desde finales de los años 80.

En las experiencias de Brasil, Argentina y Chile, para los casos de América Latina (donde el hardcore se ha dejado contagiar de la indignación hacia las instituciones y ha conformado comunidades anticapitalistas), varias agrupaciones están directamente ligadas a las secuelas de las dictaduras militares. Tocan además contra el imperialismo y las discriminaciones sociales, rechazan el consumismo, la brutalidad policial y están a favor de la liberación animal, entre otras banderas. Algunas de estas vertientes afines a los toques de índole social y comunitario se aproximan al hip hop, un movimiento con mayor fuerza social e incidencia política, compartiendo espacios masivos en coyunturas históricas donde la movilización social juvenil y universitaria ha sido la protagonista.

El hardcore político en Bogotá, un experimento que no ha respondido a las retóricas ya concebidas del New York Hardcore (NYHC) o del hardcore positivo, fue una mezcla de circunstancias que encontró a personas en una nueva familia dentro de la cual predominaron los gustos musicales y las ideas políticas sobre la emancipación social. Un hardcore que construyó discurso-espacios-acción, que concibió la contracultura como una razón para renunciar a la pasividad, para empoderarse como sujetos políticos, que avanzando en el tiempo mutó a otras dimensiones. Se aprendió a contemplar la música como un medio y no como un fin en sí mismo.

El Auditorioolaue uno de los lugares en los que se vivió la primera generación del hardcore en Bogotá

En 2002, Álvaro Uribe llegó al Gobierno a través de la estrategia paramilitar, se instaló en el poder una agreste arremetida a partir de políticas represivas que afectaron de manera directa las relaciones sociales y la libertad de expresión de los y las jóvenes. El país se sumió en un proceso de militarización de los campos, las ciudades, las mentes y los cuerpos con la política de “Seguridad Democrática”.

Los grupos tuvieron entonces miles de motivos para hacer canciones en rechazo de las masacres paramilitares, contra el poder político que concentran los ricos del país, contra el servicio militar, se habló sin tapujos sobre feminismo, de la relación de los humanos con la naturaleza y de la explotación de la clase trabajadora. Surgieron festivales como La Verdurada y otros de menor renombre pero no de menor significado, donde anarquistas y colectivos animalistas problematizaron la discusión del veganismo/vegetarianismo llevándolo al campo de la ganadería y los terratenientes, de las granjas industrializadas, del paramilitarismo y el control de la tierra, de las clases sociales.

Entre 2000 y 2002 se crearon sellos independientes que fueron dialogando con proyectos afines de países como Brasil y Estados Unidos, conociendo a otros hardcoreros que participaban en colectivos anarquistas, medios alternativos de difusión y organizaciones sociales. A su vez, dentro de los escenarios musicales y de reflexión resaltaba la postura contra los prejuicios homofóbicos; igualmente, la participación de las mujeres era numerosa y activa. Una escena de la que había que aprender, pues no existían brechas generacionales, barreras ideológicas, desencuentros discursivos o estéticos en la dialéctica hardcore-punk.

Persistencia Records, que nació en 2001, convocó a un concierto donde la temática principal fue el problema del desplazamiento forzado, confluyendo allí organizaciones sociales dedicadas a la defensa de los derechos humanos. Este mismo sello, junto a las también prematuras Dirección Positiva y Despertar Hardcore, realizaron en 2002 el toque “Duda Global”, y posteriormente imprimió el periódico El Heraldo con algunos artículos traducidos del colectivo anarquista CrimethInc de Estados Unidos.

En el mismo año editaron el compilado Evolución Bogotá Hardcore, uniendo a diferentes sellos y a los 12 grupos existentes del momento. Este álbum de culto contiene las dos vertientes: la del hardcore de la tradición neoyorquina y la del hardcore que empezaba a radicalizarse en la ciudad; logró ser un trabajo de calidad que se desarrolló sin intervención de sellos comerciales, rompiendo con el mito de que lo autogestionado tiene que ser siempre precario o mediocre. Estos últimos se conocieron con los anarcopunks, que venían de su propia experiencia, y confluyeron en la realización de las II y III Jornadas Libertarias y del Primer Congreso Anarcopunk en 2002, ya no solo por iniciativa de sus organizadores, sino apoyados por grupos de arte, cine, bandas de punk y hardcore, por grupos animalistas, coincidiendo posteriormente en la Coordinadora Libertaria Banderas Negras.

“La Iglesia”, localidad de Kennedy. Lanzamiento de los cds de La Vendetta y A Sangre y Fuego

Con agrupaciones de punk como Frente Urbano, Polikarpa y sus viciosas, Ministerio de Vagancia, y otras de hardcore como Dar a cada uno lo que es suyo y Reacción Propia, la corriente política del hardcore y el punk se enriqueció. Del mismo modo, surgieron distribuidoras como Romanticismo Puro, Filibusteros, entre otros proyectos fugaces. Los fanzines Exilio Escrito, Incivilizado y Éxodo marcaron un precedente de proyectos pedagógicos y contrainformativos que se movieron dentro de los conciertos y espacios de encuentro.

En adelante se tornaron recurrentes los cineclubes, los conciertos organizados por la Cruz Negra Anarquista (CNA) y otros toques en barrios populares de Bogotá, incluyendo uno en Suba realizado por la memoria de Nicolás Neira, el joven que se encontró con la represión policial a sus 15 años durante la manifestación del día internacional de la clase obrera, el 1 de mayo de 2005, muriendo seis días después, convertido en una especie de estandarte de indignación de la juventud libertaria del país que lleva su nombre a todos los espacios donde se reivindica la memoria y la rebeldía.

Recital hardcore/punk, Fragment Music, Grita o muere en Piso 3

Tal vez uno de los compilados que reunió mayor número de grupos y reflexiones políticas a nivel local e internacional sucedió en 2004 con Sonidos para activar la revolución. Años después se conoció el trabajo de Res Gestae y La Vendetta con Yacøpsæ de Alemania. A su vez, las bandas A Sangre y Fuego, Grita o Muere, Amor y Rabia, Sabotaje y Nagäf han participado de compilados nacionales e internacionales. Resplandor le dio un toque de espiritualidad a la escena, pues tiene integrantes Hare Krishna, llevando a cabo una música veloz y poética que acerca a otro tipo de personas.

Para muchos, el “orgullo hardcore” que despertó parches como la Unidad Real Hardcore (URHC) o el Santa fe de Bogotá Hardcore (SBHC), dejó de ser atractivo. Con el tiempo se han diluido distintos términos, espacios y lógicas, asimismo se perdió el miedo a las palabras “política” e “izquierda”. Res Gestae fue uno de los grupos de izquierda que insistió en que al hardcore le faltaba reflexión y una construcción con intenciones diferentes, sumándose a la idea un gran número de personas y proyectos que encontraron allí otras posibilidades para aportar, generando un sincretismo más explícito entre política y hardcore, una forma de fomentar la organización social desde su propia pasión, dejando de precedente en Colombia que ‘la escena’ como elemento singular, no existe. Grupos como Sin Cadenas, Kontragolpe o Acción por el Cambio ratificaron esa idea.

En 2007 el Colectivo Contracultura creó el Festival Odradek y los recitales de hardcore/punk convocados por el sello Fragment Music Colombia dieron a conocer en mayor medida a bandas libertarias como Sabotaje, Nagäf y Grita o Muere, cuyos integrantes venían de otros proyectos de hardcore anticapitalista en la ciudad. Por estos festivales pasaron agrupaciones de todo el país con actitud beligerante y bagaje organizativo que hoy en día son influencia para nuevos grupos. En el caso de Medellín surgieron bandas como Renkore, ODIO, Agitación, Ingobernables, Arroja la bomba, entre otras, impulsadas por un constante intercambio de actividades y amistades, experiencias que ahondaron en problemáticas estructurales como el terrorismo de Estado. Este entorno ocasionó giras desde Bogotá hacia Medellín, Pereira, Manizales, Ibagué y viceversa.

Además del Odradek y los recitales hardcore/punk se presentaron también las diferentes ediciones de los festivales Antiparamilitar, Lady Fest, Antiespecista, Contrahegemonía, Ruido Activo, Descentralización, Trípido Fest, los eventos por los presos políticos, entre otros.

Festival por el Des-control de Nuestras vidas, Red Libertaria Popular Mateo Kramer, Suba

El Colectivo Contracultura realizó además el texto La tragedia del hardcore: una perspectiva del hardcore mundial y colombiano (texto referencia de este artículo), una de las pocas publicaciones que abarca una visión histórica e investigativa que no persigue ningún fin académico o comercial. Este colectivo ingresó en 2008 a hacer parte de la Red Libertaria Popular Mateo Kramer. Luego de varias ediciones en Bogotá, el Festival Odradek se empezó a realizar en Madrid (Cundinamarca) donde vivían la mayoría de sus militantes. Asimismo, Res Gestae dejó de ser únicamente una banda y se convirtió en banda y colectivo a la vez, relacionándose con otros colectivos dentro de la Red Libertaria y fuera de esta, elaborando lo que fueron los últimos números de la publicación Jóvenes Ingobernables, impulsando a través de la movilización, conversatorios y conciertos la “construcción de poder popular” como activistas del movimiento Congreso de los Pueblos.

Cabe mencionar grupos que visitaron Colombia y que influenciaron de uno u otro modo colectivos de trabajo hazlo tú mismo y los ‘subestilos’ de las bandas: Cojoba (Puerto Rico-USA), Tropiezo (Puerto Rico), Yacøpsæ (Alemania), Marcel Duchamp y Entre Fuego (Chile), Doña Maldad y Apatía No (Venezuela), Escuela de Odio (España), Doom (Inglaterra), Earth Crisis y Shelter (USA); incluso grupos de hip hop como Conspirazión y Salvaje Decibel (Chile) o Mentenguerra y Los Chicos del Maíz (España-Cataluña).

De la herencia old school del hardcore positivo estuvo Step Down Records, surgida por iniciativa de integrantes del parche conocido como PxP (Pensamiento Positivo). Luego de un tiempo de dedicarse a realizar conciertos y apoyar bandas, se transforma en colectivo de “arte popular”, realizando por varios años el Step Down Fest, produciendo discos, criticando el arte burgués, las multinacionales de la cultura y promoviendo el “arte revolucionario” como vehículo de expresión popular, así lo afirmaron durante un encuentro de varias experiencias en 2014. Algunos de sus integrantes son comunistas, defensores de los procesos de paz entre las insurgencias y el gobierno colombiano. La agrupación Posithink es un ejemplo dentro de esta tendencia.

Bandas como Des-acato, Amor y Rabia, Incendiariat, y otras más pesadas como Nastiness y Rehén, llegaron con otras melodías y miradas, fruto de influencias de la vieja y la nueva escuela del hardcore/punk, el metal y el crust, este último en notorio crecimiento, junto con el D-Beat, en difusión, realización de conciertos y elaboración de discos a nivel nacional en los últimos años.

Se puede decir lo mismo de bandas de corta duración, que se movieron entre conciertos, ciudades y grabaciones, como Que Ardan y Anti-Diktatur, por mencionar algunas. Este tipo de grupos plantean letras que reflexionan sobre el amor, la resistencia al autoritarismo o el rechazo al negocio de la guerra.

Hoy, con la facilidad de viajar que antes no existía y con la reunión de distintos esfuerzos, hay proyectos creciendo, como Zurdos Eventos, que ha logrado traer bandas de la talla de Escuela de Odio o Fallas del Sistema; asimismo, con la posibilidad de traer a Colombia a Doom, leyenda inglesa y mundial del punk, surgió Fuerza Punk (el nombre por la canción de la banda francesa Coche Bomba), un circuito de bandas solidarias que buscan alternativas DIY para grabar discos, hacer conciertos y ampliar el espectro del punk. Seguro se quedan muchos grupos, compilados e iniciativas por fuera de esta mención.

Si bien este tipo de iniciativas no han manifestado interés de generar un discurso político unificado o de organizarse en un movimiento social, lo cierto es que es mayor lo que se tiene en común que lo que los distancia de un hardcore/punk ‘más militante’, aunque algunas personas insistan en profundizar las diferencias, perdiendo la posibilidad de ser más fuertes y contundentes, de encontrar en los odios el punto de la unidad, de no dejar que se amplíe la brecha entre actores y espectadores.

LadyFest 3, Suba

 

 

[…] contra lo formal, lo frío, lo lógico […] sus efusiones dieron campo a lo irracional, el culto a lo heroico, lo bárbaro […] apenas empieza a definirse, empieza a disolverse […] el romántico es alguien que piensa que es mejor viajar que llegar.
Anita Brookner, novelista británica

Ninguna de las tendencias dentro del hardcore y el punk es perfecta ni está exenta de contradicciones. Por un lado, las actitudes fascistas y la violencia dentro del hardcore son latentes, mientras en el punk, los abusos con las drogas siguen dejando muertos. Podemos también hablar del sectarismo y la apatía que convierte grupúsculos de amigos en islas ‘anti-todo’ o, en el peor de los casos, en cuasi policías. Un neonarcisismo que nace de la deserción de lo colectivo, un obsesivo prejuicio por el yo, señalando los pensamientos disímiles, atacando sin pudor los proyectos político-culturales con los que no se identifican.

En 2014 la Red Libertaria, en su última Cátedra, reunió experiencias contraculturales que dialogaron en un mismo evento, un ejercicio insuficiente (como este artículo) para todo lo que se puede compartir y controvertir, con distintos niveles de experiencia e interpretación, pero con el auditorio Camilo Torres de sociología en la Universidad Nacional repleto con las personas que asisten a los conciertos y que, por primera vez, se acercaban a un espacio caracterizado por diferentes posiciones políticas frente a la cultura, las cuestiones filosóficas de la felicidad y la libertad. Antonio Gramsci estuvo presente en la mayoría de ponencias.

La música es una manera de política, una más entre otras, con la posibilidad de hacer más cercano el discurso de la izquierda, como lo hace el colectivo Catarsis en algunas de sus entrevistas donde sobresale el humor político frente a la coyuntura, por ejemplo. También está Rat Trap, o este blog, como parte de las redes independientes de distribución, de comunicación y de creación colectiva. Igual que las librerías, teatros y centros culturales que han resistido a la burocracia institucional.

Los tres ámbitos principales de la cultura (familia, medios de comunicación y educación) no han sufrido cambios revolucionarios como se creyó en la posguerra. Para nuestro caso, el “posconflicto” empezará a los ojos de la moral conservadora y con reformas políticas represivas que amenazan aún más la libertad de expresión. Intentarán integrar todas las contradicciones liberales para dejarnos inmovilizados.

¿Qué nos queda? La cultura de la sospecha: desconfiar de todo eslogan que se nos ponga por delante, no dar por definitivas las ideas recibidas, retomar viejas apuestas como la lucha por la libertad de los presos políticos, volver a articular los deportes extremos y grafiteros en salones caldeados, impregnados de sudor.

La contracultura es libertad y autonomía, es desconfianza frente a cualquier promesa, es la organización que radicaliza la negación y profundiza la creación. Una pasión que si bien puede ser etaria, muchas veces insulsa y con anécdotas desafortunadas, deja un legado significativo si se vive con intensidad, si lo escriben sus protagonistas, si no dejamos que la moda y el mercado sean quienes nos resuelvan la historia.

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